Las zonas tropicales concentran los riesgos de transmisión de enfermedades animales al ser humano
La transformación masiva de tierras a escala mundial modifica profundamente las interacciones entre los humanos y su entorno, favoreciendo así la aparición de riesgos sanitarios mayores. Entre estos, la transmisión de patógenos de los animales al ser humano, llamada spillover zoonótico, representa una amenaza creciente. Este fenómeno ocurre cuando agentes infecciosos cruzan la barrera entre especies, a menudo debido a la destrucción de hábitats naturales y a la expansión de zonas agrícolas.
Las regiones tropicales, en particular el Sudeste Asiático, América Latina, África y, en menor medida, Europa del Este, son las principales afectadas por esta problemática. Estas zonas albergan una gran parte de las transacciones de tierras a gran escala, donde vastas extensiones son adquiridas para la agricultura intensiva, la producción de biocombustibles o la ganadería. Sin embargo, estos cambios en el uso del suelo perturban los ecosistemas y aumentan los contactos entre humanos, la fauna salvaje y los animales domésticos.
Las aves paseriformes, los murciélagos y los roedores desempeñan un papel clave en este proceso. Estas especies, a menudo tolerantes a las perturbaciones ambientales, prosperan en los paisajes modificados por el ser humano, como las tierras agrícolas. Sirven como reservorios naturales de numerosos patógenos capaces de infectar al ser humano. Cuando sus hábitats se fragmentan o destruyen, estos animales se acercan a las zonas habitadas, multiplicando las oportunidades de transmisión de enfermedades.
Los datos revelan que las zonas de alto riesgo de spillover zoonótico se caracterizan por grandes superficies de bosques aún intactos, pero también por una baja densidad de población y de carreteras. Esto se explica porque estas regiones, aunque poco urbanizadas, sufren transformaciones rápidas en su cobertura vegetal, creando interfaces entre medios naturales y zonas cultivadas. Sin embargo, existen algunas excepciones: en Ghana, Nigeria, Malaui, Brasil e Indonesia, zonas de alto riesgo combinan tanto una alta densidad humana como una red vial desarrollada, lo que agrava el potencial de propagación de enfermedades una vez que el patógeno se transmite al ser humano.
Las inversiones en tierras no son únicamente transnacionales. Más de un tercio de las transacciones involucran a actores locales, y un 17 % adicional se realiza dentro de una misma región. Los principales flujos de inversión provienen de países como China, Estados Unidos, Malasia o los Países Bajos, que suelen dirigirse a zonas ricas en biodiversidad. En el Sudeste Asiático, por ejemplo, las inversiones chinas se concentran en regiones como Indonesia o Myanmar, donde la diversidad de especies reservorio de patógenos es particularmente alta.
Los países más afectados por estas dinámicas son Brasil e Indonesia, que combinan vastas superficies adquiridas y una fuerte presencia de especies portadoras de enfermedades. En cambio, países como Rusia o Ucrania, aunque reciben importantes inversiones, presentan un riesgo de spillover más bajo debido a una menor diversidad de especies reservorio y a una proporción menor de tierras naturales convertidas.
Para limitar estos riesgos, es esencial repensar los modelos agrícolas actuales, a menudo basados en una intensificación química y mecánica de los cultivos. Existen alternativas, como la agroecología, que promueve paisajes más diversificados y resilientes, reduciendo así las oportunidades de contacto entre humanos y animales salvajes. El mantenimiento de la integridad ecológica de los hábitats, es decir, su conectividad y su estado natural, permite fortalecer lo que los científicos llaman la inmunidad de los paisajes: un concepto que designa la capacidad de los ecosistemas para limitar la propagación de patógenos gracias a su complejidad y equilibrio.
Los gobiernos y los inversores deben integrar estos desafíos en sus decisiones. Esto implica una evaluación sistemática de los proyectos de tierras, cruzando datos sobre la biodiversidad local y las zonas de conversión de tierras. Medidas de precaución, como la preservación de porciones de tierras naturales dentro de los proyectos agrícolas o la implementación de protocolos de bioseguridad para las comunidades locales, podrían atenuar los riesgos. También es necesaria una coordinación internacional, ya que las inversiones transfronterizas vinculan a actores geográficamente distantes, pero cuyas acciones tienen repercusiones locales.
Las lecciones del pasado, como las epidemia de Ébola en África o Nipah en Asia, muestran que las respuestas reactivas suelen ser demasiado lentas. Los patógenos pueden circular durante semanas antes de ser detectados, como ocurrió con el Ébola. Un enfoque proactivo, que combine vigilancia ecológica, planificación territorial y cooperación entre sectores, es por tanto indispensable para anticipar y prevenir las próximas crisis sanitarias.
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DOI : https://doi.org/10.1038/s44458-026-00102-1
Titre : Global land rush concentrates potential zoonotic spillover risk in the tropics
Revue : Communications Sustainability
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Chuan Liao; Seongmin Shin; Katie Rohrbaugh; Nabin Pradhan; Elizabeth Ludwig; Zhenci Xu; Manuel Ruiz-Aravena; Shuai Zhou; Arun Agrawal