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Los disruptores endocrinos amenazan los ecosistemas acuáticos y la salud humana
La creciente presencia de disruptores endocrinos en los medios acuáticos se ha convertido en una preocupación mayor para la salud pública y el medio ambiente. Estas sustancias, derivadas de actividades humanas como el uso de cosméticos, plásticos, pesticidas o productos industriales, acaban en ríos, lagos, aguas subterráneas e incluso en el agua potable. A pesar de los esfuerzos de las estaciones depuradoras, parte de estos contaminantes persiste y termina contaminando los ecosistemas y los seres vivos, incluido el ser humano.
Los disruptores endocrinos actúan imitando o bloqueando la acción de las hormonas naturales en el cuerpo. Así, alteran el sistema endocrino, esencial para regular numerosas funciones vitales como el crecimiento, el metabolismo, la reproducción o el desarrollo del cerebro. Una exposición prolongada a estos compuestos puede provocar problemas de fertilidad, trastornos cognitivos, obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 o incluso cánceres relacionados con las hormonas. Entre las sustancias más extendidas se encuentran hormonas sintéticas utilizadas en anticonceptivos, aditivos plásticos como el bisfenol A o los ftalatos, así como productos químicos industriales y agrícolas.
Los medios acuáticos son especialmente vulnerables, ya que reciben directamente los vertidos industriales y domésticos, pero también, de manera indirecta, el escurrimiento agrícola o las aguas pluviales cargadas de contaminantes. Las estaciones depuradoras, diseñadas para eliminar materias sólidas y patógenos, no logran filtrar eficientemente estos microcontaminantes. Como resultado, a veces quedan concentraciones elevadas en el agua tratada, exponiendo a las poblaciones a riesgos sanitarios a largo plazo. Las zonas urbanas, donde la actividad industrial y la densidad poblacional son altas, registran niveles de contaminación más elevados que las zonas rurales, donde dominan los pesticidas y los residuos ganaderos.
Los efectos sobre la fauna acuática son igualmente preocupantes. Los peces, las algas y los invertebrados acumulan estas sustancias en sus tejidos, lo que puede provocar trastornos reproductivos, malformaciones o comportamientos anormales. Por ejemplo, algunos disruptores endocrinos modifican los niveles de hormonas sexuales en los peces, causando una disminución de la fertilidad o una feminización de los machos. Estas alteraciones pueden transmitirse a lo largo de la cadena alimentaria, afectando finalmente a los humanos que consumen estos organismos.
Para limitar estos impactos, se están estudiando soluciones de descontaminación. Entre ellas, la filtración por membrana, la adsorción con carbón activado o la biodegradación mediante microorganismos muestran resultados prometedores. El carbón activado, por ejemplo, permite eliminar hasta el 99 % de ciertos disruptores endocrinos como el bisfenol A o los ftalatos. Las membranas de nanofiltración y ósmosis inversa, aunque costosas, también ofrecen una alta eficacia para eliminar estos contaminantes del agua. Sin embargo, su implementación a gran escala sigue siendo limitada por restricciones técnicas y económicas, especialmente en los países en desarrollo.
Los microplásticos, omnipresentes en los medios acuáticos, agravan aún más la situación. Actúan como esponjas de contaminantes, absorbiendo los disruptores endocrinos antes de ser ingeridos por los organismos marinos. Esta doble contaminación, plástica y química, amplifica los riesgos para la salud de los ecosistemas y los humanos. Se exploran opciones como la captura de microplásticos en los lodos de las estaciones depuradoras o su degradación mediante bacterias específicas, pero su aplicación sigue siendo compleja.
La regulación de estas sustancias sigue siendo desigual en el mundo. Mientras algunos países han prohibido el uso del bisfenol A en biberones o envases alimentarios, otros tienen dificultades para aplicar normas estrictas, por falta de recursos o voluntad política. Los sustitutos del bisfenol A, como el bisfenol S, a veces resultan igual de nocivos, lo que subraya la necesidad de un enfoque global y coordinado. Los costos económicos y sanitarios vinculados a la inacción son, no obstante, inmensos, como demuestran los estudios que relacionan la exposición a estos contaminantes con un aumento del gasto en salud pública.
La investigación avanza para comprender mejor los mecanismos de acción de estos disruptores y desarrollar métodos de detección más sensibles. Sin embargo, los científicos subrayan la urgencia de actuar, ya que los ecosistemas acuáticos y la salud humana ya están afectados. Una toma de conciencia colectiva, junto con políticas ambiciosas e innovaciones tecnológicas, parece indispensable para reducir la presencia de estas sustancias y limitar sus efectos devastadores.
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DOI : https://doi.org/10.1007/s44274-026-00764-7
Titre : Navigating endocrine disrupting compounds in aquatic ecosystems through sources, biological implications, and sustainable remediation techniques
Revue : Discover Environment
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Nurfitrah Halim; Prathika Ravichandran; Ram Kumar Arivanandan; Wen Jye Mok; Rajamani Lakshminarayanan; Kesaven Bhubalan; Sevakumaran Vigneswari